sábado, 24 de septiembre de 2016

VIVIR EN UN PUEBLO PEQUEÑITO.

VIVIR EN UN PUEBLO PEQUEÑITO.
  Tiene sus ventajas, pero al mismo tiempo sus inconvenientes.
  Hoy en día solemos vivir en pueblos pequeñitos, sobre todo cerca de las ciudades. Porque la gran mayoría de nosotros, tenemos el trabajo en las grandes urbes y el vivir en estos lugares, es más bien para tomarnos un descanso o respiro.
  De tanta contaminación y ruido que en la mayoría de las ocasiones se hace insoportable el soportarlo.
  No es lo mismo vivir en la ciudad, donde todo lo tenemos a mano y en todo caso, si tenemos que desplazarnos un poco retirado, tenemos a nuestro alcance los transportes públicos.
  Pero quitando esas ventajas, cuanto no tenemos que aguantar y cuantos ojos no deberíamos tener para estar siempre pendiente, de lo que nos pueda sorprender.
  Los amigos suelen ser escasos aunque viéndolo bien, no importa donde tengamos nuestra residencia.
  Es muy difícil hoy en día decir tengo muchos amigos, con unos pocos tiene uno suficiente. Siempre y cuando sean buenos y pueda contar con ellos, en cualquier momento que los necesites.
  Cuando va uno paseando por cualquier calle de la ciudad, avenida o se para en cualquier plaza, bien a descansar de esa caminata que nos hemos dado de antemano. Oh por qué hay cualquier bar cerca de ella y nos apetece pararnos a tomar cualquier aperitivo. Casi siempre si no vamos acompañados, por nuestra pareja, un amigo o conocido es muy raro que podamos entablar conversación con alguien.
  En cambio en el pueblecillo esto lo tenemos solventado oh resuelto.
Son una de las tantas comparaciones que podríamos poner de vivir en un sitio u otro.
  Cuando vamos siendo mayores y ya tenemos a nuestros hijos fuera del nido, bien colocados y con su vida resuelta.
  Es el momento de plantearnos, retornar al pueblo o pueblecillo que nos vio nacer, allí dejamos a nuestros verdaderos amigos y aunque la vida a veces se hace desagradable en la mayoría de los casos.
  Siempre nos habrá dejado a varios de ellos, con los cuales retomaremos esas enseñanzas que tanto ellos como nosotros, podamos darle he ir encaminando nuestras vidas.
  Esperando ese fin de semana oh vacaciones, donde nuestros hijos regresen con sus retoños a visitar a sus abuelitos que un día decidieron con muy bien criterio regresar a sus orígenes.

Francisco Domínguez.

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